Pues se trata de la radioactividad generada por los rastros de uranio, torio y potasio que quedaron atrapados dentro de la Tierra durante su formación. Dado que estos elementos se desintegran lentamente, liberan partículas que chocan contra el material circundante y lo calientan hasta temperaturas de 5.500 ºC en el núcleo.
En la superficie, todo este calor se filtra con una tasa media de alrededor de 58 kW/ kilómetro al cuadrado.
En otras palabras: vivimos sobre la superficie de un reactor nuclear enorme.
Del interior del planeta emana suficiente calor como para hacer 200 tazas de café humeante por hora para cada uno de los 6.200 millones de habitantes del mundo, dijo Chris Marone, profesor de geociencias de la Universidad del Estado de Pennsylvania.